Moscú, 10 de noviembre, RIA “Novosti”. Los atentados, la creciente incomprensión entre los mundos islámico y occidental, el aumento del número de inmigrantes procedentes de los países musulmanes en Europa, todo ello ha hecho hablar del conflicto de civilizaciones. En 2004, España y Turquía promovieron la idea de crear una Alianza de Civilizaciones, la que fue apoyada por el secretario general de la ONU, y aquel mismo año se instituyó el Grupo de Alto Nivel, encargado de elaborar un programa concreto de su realización. A Rusia la representa en el Grupo el Prof. Vitaly Naumkin, presidente del Centro de Estudios Estratégicos y Políticos y jefe del Centro de Estudios Árabes del Instituto de Orientalismo (Academia de Ciencias de Rusia). En una entrevista concedida a la analista de RIA “Novosti” Marianna Belenkaya el Profesor explica la esencia de este nuevo proyecto global de la ONU. - ¿En qué consiste la diferencia básica entre la idea del Diálogo entre Civilizaciones, promovida hace un tiempo por el presidente de Irán, Mohammad Khatami, y la de la Alianza de Civilizaciones, que se debe a Turquía y España? - En efecto, la idea de la Alianza de Civilizaciones fue promovida por dos primeros ministros: el español José Luis Rodríguez Zapatero y el turco Taiip Erdogan, y no surgió por casualidad. Hoy día, el problema de interacción entre Oeste y el mundo islámico es muy doloroso. En Europa (sin contar a Rusia) y las dos Américas viven cerca de 50 millones de musulmanes. Es una potente comunidad, y las relaciones entre ella y las sociedades en que vive constituyendo una minoría a menudo desembocan en conflictos. En primer lugar, así sucede en los Estados europeos: Francia, Portugal, España, Alemania y Gran Bretaña. Por esta razón, ante los europeos se plantea en toda su seriedad el problema de cómo mejorar las relaciones entre dos mundos: el occidental (en primer lugar, el cristiano) y el musulmán. Otro aspecto de este problema es el siguiente: cómo incorporar a los musulmanes que han llegado a Europa a las sociedades occidentales y cómo integrarlos en la cultura europea. Las perspectivas de desarrollo de las comunidades islámicas dentro de los Estados europeos todavía no están claras. ¿Debe tratarse de su asimilación y plena integración en esta cultura o, al contrario, de otorgarles siempre mayores posibilidades para que mantengan su identidad islámica? El carácter apremiante de este problema encuentra su confirmación en los sucesos que se desarrollan en Francia actualmente. Además, este problema tiene que ver con el terrorismo. La idea del Diálogo de Civilizaciones, promovida por Khatami, fue útil y oportuna, sin lugar a dudas, y tal diálogo se sostiene, pero no como un proyecto global apoyado por los Gobiernos de todos los países y plasmado en un realista programa de acciones concretas. ¿Por qué no adquirió tal forma? Quizás porque lo promovió Irán, pero ciertos Gobiernos occidentales no estaban propensos a apoyar el proyecto ni considerarlo como una importante iniciativa política. Además, la idea se asociaba inevitablemente con el nombre de Khatami, y éste ya no es presidente de Irán. Retornemos a la Alianza de Civilizaciones. ¿Por qué la iniciativa se debió a los españoles precisamente? Durante el Medioevo, en España existió una especie de simbiosis entre la cultura árabe y la occidental, entre la civilización islámica y la cristiana. Había tanto confrontación como cooperación, pero existía una interacción entre las culturas más positiva que en ninguna otra parte. España como heredera de esa unión cultural se percibe por el mundo contemporáneo en calidad de promotora de una nueva alianza de civilizaciones. También son comprensibles las causas que le impulsaron a Turquía a adelantar tal iniciativa. El país aspira a ingresar en la comunidad europea y está interesado en apoyar tal idea (pues, en esencia se trata de una iniciativa europea, no sólo española). A Turquía le conviene tener la imagen de un país musulmán civilizado, moderado y tolerante, que aspira a integrarse en Europa y la comunidad occidental. Desea dar ejemplo de que un país musulmán puede formar parte de la civilización occidental. Ello tiene una importancia especial para Erdogan como líder de un partido islámico. Cuando éste llegó al poder, todo el mundo tuvo miedo de que ello provocase el abandono del proceso democrático que se desarrollaba felizmente en Turquía. Pero no sucedió nada de eso. Al contrario, Erdogan vino a confirmar que un partido de orientación islámica puede ser responsable, democrático y orientado a la unión de los valores de los mundos occidental y musulmán. O sea que España y Turquía coincidieron en sus intereses y su visión de qué se debe hacer. Según lo tienen concebido los promotores, la Alianza está llamada a fortalecer la voluntad política colectiva y movilizarla a desarrollar acciones conjuntas tanto en el nivel de instituciones oficiales como en el de la sociedad ciudadana, con el fin de eliminar los conflictos que existen entre diversas civilizaciones, en primer lugar la occidental y la islámica. Los iniciadores de la Alianza subrayan que los acontecimientos de estos últimos años han aumentado los recelos y la incomprensión mutuos, lo que sirve de un caldo nutritivo para el extremismo religioso, destruye la tolerancia y pone en peligro la estabilidad en el mundo. Precisamente por ello la idea de la Alianza de Civilizaciones, según sus iniciadores, puede servir de puente que lleve a construir nuevas relaciones entre las civilizaciones en la política, la economía y la cultura.
- ¿Qué acciones concretas se desarrollarían? - De momento, nadie lo sabe concretamente, pero existen muchos planes. En todo caso, la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones fue apoyada por el secretario general de la ONU, Kofi Annan, y por ende es una iniciativa de la ONU, la que tiene que plasmarse en un proyecto global. Para elaborar un concreto plan de actividades, así como los conceptos básicos de edificación de dicha Alianza, fue instituido el mencionado Grupo de Alto Nivel, integrado por 18 personas, que va a reunirse con regularidad y elaborar la filosofía de este proyecto. El programa de acciones concretas debe ser presentado al secretario general de la ONU en diciembre de 2006, o pasado un poco más de un año desde el comienzo del trabajo del Grupo. La primera reunión se celebrará a finales de noviembre del año en curso en Palma de Mallorca (islas Baleares).
- ¿Quiénes forman parte del Grupo? - Son tres categorías de representantes de distintas culturas. En la primera figuran ex estadistas y políticos renombrados, famosos por su potencial intelectual y el aporte hecho al desarrollo de la cultura: el propio Khatami; Federico Mayor, ex director general de la UNESCO; ex ministro de Exteriores de Francia, Hubert Vedrine; ex primer ministro de Senegal, Mustafa Niasse, y otros. La segunda categoría la componen unos intelectuales libres que nunca han ocupado altos puestos administrativos: entre ellos Caren Armstrong, célebre escritora inglesa, autora de muchos libros de temática religiosa, incluida la islámica; el famoso estudioso estadounidense del islamismo John Exposito, quien encabeza el Centro de Comprensión Mutua entre los Cristianos y los Musulmanes en la Universidad de Georgetown y redactor jefe de la Enciclopedia Oxford del Mundo Islámico. En la tercera categoría figuran personalidades religiosas, como, por ejemplo, el arzobispo Desmond Tutu de la RSA y el rabino estadounidense Arthur Schneier. También se puede catalogar dentro de esta categoría a Khatami.
- ¿Según qué principios fueron seleccionadas estas personas? - A todos los integrantes del Grupo los designó el secretario general de la ONU, basándose en la fama política o científica de ellos. Si a usted le interesa mi persona, muchos de mis libros fueron publicados en EEUU y Gran Bretaña. Según he leído en Internet, mi última obra dedicada al islamismo radical, publicada en EEUU por la editorial Rowman and Littlefield bajo el nombre de “El islamismo radical en Asia Central: entre la pluma y el fusil”, llegó a ser el argumento principal para la aprobación de mi candidatura. Los asesores del secretario general versados en esa temática le propusieron varias candidaturas. Después de aprobadas por Kofi Annan, éstas tenían que recibir el visto bueno por parte de los Gobiernos de sus respectivos países, incluida Rusia, y sólo después se realizó la designación oficial por parte del secretario general de la ONU. Pero hay países que miran con recelo esta iniciativa.
- ¿Por ejemplo? - Me extrañé al no ver dentro del Grupo a representante de China. No sé en qué radica la causa de ello. Quizás, China todavía no ha decidido si debe participar en ello o no por algunas razones. En todo caso, hay una vacante para Asia del Este. La iniciativa ha sido respaldada por todos los países europeos, y el mundo musulmán también la apoya en su mayoría. Aunque existen ciertos países que han acogido con frialdad la idea de la Alianza. He oído manifestaciones negativas por parte de ciertos políticos de Irán y países árabes. Pero, quizás, no se trate de la reacción de sus Gobiernos sino de la de opinión pública. En Europa también hay algunos que critican esta idea, sosteniendo que tal alianza simplemente no puede existir. Por supuesto que no puede haber una alianza en plena acepción de esta palabra. Se trata de un proyecto que tiene tal nombre, sin más.
- ¿Hay en el Grupo representantes de las zonas en conflicto, tales como Israel – Palestina, la India – Pakistán, etc.? - A la India y Pakistán los representan dos damas muy interesantes: la doctora paquistaní Nafis Sadik, asesora especial del secretario general de la ONU, y la hindú Shobana Bhartia, directora ejecutiva de Hindustan Times. No hay representante de Israel, en un grupo de 18 personas es imposible abarcar a todos los países. Tenemos un rabino estadounidense que representa el mundo del judaísmo. Pues en el proyecto no se hace hincapié en las zonas de conflicto, sino en las relaciones Occidente - el mundo musulmán.
- Pero Israel es uno de los puntos álgidos del mundo contemporáneo... - Existen muchos puntos álgidos. Quiero repetir que el judaísmo está representando en el Grupo, a la par con otras religiones: el islamismo y el cristianismo.
- Pero el problema no se reduce a la religión. Por ejemplo, para los musulmanes el judaísmo no es un problema, tampoco lo presentan otras religiones monoteístas. Da la impresión de que los conflictos – incluidos los de civilizaciones – surgen del choque de los intereses de los Estados e ideologías, así como de la desigualdad social. El sionismo, el panarabismo, el integrismo tienen en su origen la política, pero no la religión... - La política en general se hace por los Estados y en grado menor por organizaciones internacionales, por eso cuando decimos “Alianza de Civilizaciones” ello suena un poco abstracto. Y la lógica objeción que se hace al oírlo por primera vez es la siguiente: no son las civilizaciones las que libran guerras, sino los Estados. Además, a menudo están en guerra unos Estados que pertenecen a una misma civilización. He aquí los ejemplos de ello: la agresión de Iraq contra Kuwait, las guerras en Europa. La civilización es un concepto abstracto si lo enfocamos desde la óptica de conflictos. Pero la esencia de la filosofía de la Alianza de Civilizaciones consiste en que debe crearse una unidad cultural, un código de conducta civilizada que contribuya a que los Estados piensen cien veces antes de entrar en conflicto. Dicho de otro modo, las amenazas con que choca el mundo actual, en primer lugar el terrorismo, la intolerancia y el extremismo religioso, están relacionadas estrechamente con los fundamentos de las civilizaciones, pero no sólo con los intereses de Estados. Sobra demostrarlo. Los terroristas no son jugadores de Estado, lo que también es un hecho de todos conocido.
- Usted ha dicho que de momento no hay ideas concretas de cómo se debe realizar el proyecto, pero ¿quizás se habrán trazado algunas tareas ya? - Si, Kofi Annan, después de haber sostenido consultas con los copatrocinadores del proyecto, España y Turquía, esbozó tres tareas fundamentales que tiene que cumplir el Grupo. Primero, valorar la situación mundial, especialmente en materia de seguridad y amenazas que parten de las fuerzas extremistas. Segundo, elaborar actividades colectivas de dos niveles: el oficial y el de la sociedad ciudadana. Tercero, presentar recomendaciones respecto a un programa de acciones que deben desarrollar los Estados, organizaciones internacionales y la sociedad ciudadana con el fin de alcanzar armonía entre las diversas comunidades.
- ¿Cómo ve usted el papel de Rusia en la realización de este proyecto? - La problemática de la Alianza de Civilizaciones también reviste actualidad para Rusia. Por una parte, estamos interesados en aprovechar los frutos positivos de este proyecto, si los hay, pues de momento es difícil predecir en qué va a redundar esta iniciativa. Y por la otra, tenemos qué ofrecer nosotros. Pues poseemos felizmente una variante moderna y tolerante de un euroislamismo, el que está representado, en primer lugar, por Tartaria. La república ofrece un buen ejemplo de utilización de la religión con fines constructivos y de desarrollo de los valores religiosos, combinándolos con los del mundo moderno, con la tolerancia y la moderación. Las personalidades de la cultura tártara encuentran inspiración en las obras de los jadides, líderes de la corriente religiosa islámica de finales del siglo XIX y comienzos del XX, quienes predicaban la modernización, afirmando que la religión no tenía que permanecer estancada ni encerrarse en sí misma, sino contribuir a que la comunidad islámica se inscribiera en la vida moderna. Era una corriente que exhortaba a ser tolerantes y abiertos hacia otras culturas. Pienso que este acervo y esta experiencia de Rusia, pese a los atentados y los conflictos del Cáucaso del Norte, son un aporte que ella puede hacer al nuevo proyecto.
- ¿Se tomará en cuenta la experiencia de cooperación de Rusia con la Organización de la Conferencia Islámica (OCI)? Pues su estatuto de observadora en ésta y los planes de trabajo conjunto estaban apuntados en mucho grado precisamente a una alianza de civilizaciones? - Sin lugar a dudas, la colaboración de Rusia con los Estados islámicos en el marco de la OCI se tomará en consideración. En este sentido realiza una importante labor el Ministerio de Exteriores de Rusia. Además, tenemos un sinnúmero de otros ejemplos de cooperación en el cauce de la idea de interacción entre civilizaciones. Existen asociaciones y fundaciones que están realizando tales proyectos. Por ejemplo, la Fundación del Apóstol San Andrés desde hace años realiza el programa “Diálogo entre las civilizaciones”. También existen otros proyectos. En Rusia, igual que en el resto del mundo, se celebran foros y se organizan otras actividades de esta temática, pero a menudo tienen carácter disperso. Las ideas son muchas, el problema consiste en cómo recogerlas dentro de un programa global. A mi modo de ver, la Alianza de Civilizaciones tiene que plasmarse, antes que nada, en una alianza de las fuerzas sociales, políticas y ciudadanas capaces de unirse en aras de luchar contra el terrorismo, la intolerancia, el extremismo y la aislamiento entre las culturas y las sociedades. Si unas personas concretas – intelectuales, escritores, músicos, políticos y estadistas – se unen y empiezan a realizar este programa auspiciado por la ONU, empiezan a actuar en el marco de esta idea, será ya un resultado de nuestra labor. Mas quiero recalcar que de momento es prematuro hablar de algo concreto.
- ¿Podría decir con qué ideas se dirige usted a la primera reunión del Grupo? - De momento no lo quisiera hacer del dominio público. Celebro consultas con mis colegas, intento comprender los ánimos de ellos, reunir ideas interesantes de quienes se dedican a esta problemática. Nuestro país es inmenso, y es colosal el número de personas que podrían, igual que yo, formar parte de este Grupo. Creo que lo de recoger sus opiniones será de mucha utilidad para mí. Me reúno tanto con científicos como con personalidades religiosas, empresarios, artistas, políticos y diplomáticos. Cuada uno de ellos tiene su enfoque de la Alianza y sus propias ideas de cómo se puede realizar este proyecto. Tenemos con qué empezar la primera reunión del Grupo. Hace falta ver qué van a ofrecer los representantes de otros países, es importante que nos complementemos unos a otros, en vez de tirar cada uno la carreta a su lado, como ello sucede a veces cuando se reúne gente de diferentes países y continentes. |
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