La renuncia de Tbilisi a trabajar en el marco de la comisión mixta de control para arreglo del conflicto georgiano-osetio ha destruido el idilio que se perfiló hace poco en sus relaciones con Moscú.
Georgia lo hizo como una respuesta a la intención de la Duma de Estado de Rusia de analizar el 13 de marzo el tema de reconocimiento de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, a la luz del precedente sentado en Kosovo. ¿Es posible, en principio, el mejoramiento de relaciones entre Rusia y Georgia? Por supuesto que sí, pero sólo a nivel de la cooperación práctica. Se puede alcanzar la anulación del bloqueo de transporte y del embargo impuesto sobre el suministro de artículos de consumo, eliminar problemas del ingreso en la OMC y hasta aligerar el régimen de visados para viajes mutuos. Pero con ello las posibilidades se agotan. Pues cualquier intensificación de la cooperación chocaría con el problema de la integridad territorial de Georgia. Y es que el margen de maniobra es muy reducido en este tema. La proclamación de la independencia de Kosovo ha empeorado sustancialmente la situación para Tbilisi. Moscú no planea reconocer a Abjasia y Osetia del Sur, ni mucho menos, pero va a compensar su "indecisión" (o sea la consideración de las consecuencias que tendría tal paso) ampliando contactos con dichas repúblicas secesionistas. El más probable guión de desarrollo de acontecimientos puede formularse como avance hacia el modelo "todo, menos el reconocimiento". A este cuadro poco alentador, hay que añadirle el factor OTAN. Tbilisi ve en el ingreso en la Alianza Atlántica una garantía para su seguridad. Pero la adhesión a la OTAN la priva a Georgia de la perspectiva de conservar la integridad territorial. Altos funcionarios de la Alianza responden de modo nebuloso a la pregunta sobre la admisión de un país que tenga problemas territoriales. En principio, tal país no puede ser admitido. Pero al propio tiempo, Georgia no debe convertirse en rehén de unos conflictos congelados, dicen ellos. O sea, no se puede permitir que Rusia bloquee el avance de Tbilisi hacia el ingreso en la Alianza, por medio de revolver cenizas en los focos de tensión. Pero si realmente surge la probabilidad de la admisión de Georgia en la OTAN, Moscú lo interpretará como presagio de realización de un guión con empleo de la fuerza, afirmando que Tbilisi, apoyándose sobre la OTAN, puede intentar resolver de una vez y por siempre el problema de Abjasia y Osetia del Sur. Precisamente en tal momento ante el Kremlin se planteará el problema de reconocimiento de éstas como garantía de su seguridad. Infunde cierto optimismo el que Moscú se porte de forma mucho más evasiva con respecto a Transnistria. Pero las relaciones con Moldavía nunca se ponían al rojo vivo, a diferencia de las con Georgia. Kishiniov está dispuesto a hacer muchas concesiones para mantener la integridad territorial. En este último caso Rusia está ante la opción de qué le conviene más: tener un excalve dependiente de ella con perspectivas borrosas o una Moldavia leal, al margen de cualesquiera bloques. En el caso de Georgia tal alternativa no existe, a juzgar por todo.
Fiódor Lukiánov, redactor jefe de la revista "Rusia en la política global". Kommersant, 05.03.08 referencias al tema
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