Serguei Markedónov, para RIA Novosti. El plan para la regulación del conflicto georgiano-abjasio propuesto recientemente por el ministro de asuntos exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier en Tbilisi y Moscú ha sacado de nuevo a flote toda la problemática que encierran los conflictos étnicos en Georgia. Antes de destacar los puntos positivos que puede ofrecer la propuesta alemana, y teniendo en cuenta la situación actual, sería conveniente hacer un análisis sobre la situación que se vive en Abjasia y Osetia del Sur. En relación a Osetia del Sur y Abjasia, los expertos y políticos utilizan el término "conflicto congelado" en el sentido de que allí no hay focos ininterrumpidos de violencia y tampoco avanza ningún proceso negociador. El pasado mes de noviembre, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE) en Berlín convocó un amplio debate sobre los "conflictos congelados" en la zona de Eurasia que incluyó a Abjasia y Osetia del Sur. Pero la definición "conflicto congelado" ya no es aplicable a Abjasia y Osetia del Sur porque los últimos años en torno a esas regiones se han puesto en marcha una serie de procesos dinámicos que han cambiado de forma negativa la situación. Georgia por todos los medios intenta activar la confrontación étnica y política con las dos regiones separatistas, busca instrumentos para cambiar el formato de la regulación y cuestiona la base jurídica que permitió poner fin a la violencia a comienzos de 1990, es decir, denunciar el acuerdo de Dagomis firmado en 1992 sobre Osetia del Sur y el acuerdo de Moscú suscrito en 1994 con Abjasia. Georgia ha hecho varios intentos para alterar el estatus quo de Abjasia y Osetia del Sur. En 1997, 1998 y en 2001, las autoridades de Tbilisi intentaron cambiar la situación en Abjasia y desde 2004, esa ha sido la estrategia primordial emprendida por el gobierno georgiano en relación con las autoproclamadas repúblicas rebeldes. La situación cambio cuando Estados Unidos y la Unión Europea (UE) activaron a nivel internacional el reconocimiento de la independencia de Kosovo. Y aunque para Washington y Bruselas el caso de Kosovo fue especial, Osetia del Sur y Abjasia interpretaron la independencia de la región serbia como un precedente jurídico muy valioso. Hasta 2008 Georgia ha emprendido acciones para reactivar los conflictos. Así en 2004, restableció las operaciones militares en Osetia del Sur, emplazó tropas en el desfiladero de Kodori en 2006, y en reiteradas ocasiones ha cuestionado la validez de los acuerdos de Dagomis y Moscú, lo que ha conducido a la ruptura del proceso negociador. En los últimos tres años a consecuencia de episodios de violencia en el territorio de Osetia del Sur fueron asesinados más de medio centenar de civiles, por lo que Kremlin optó un plan de acción en varios frentes encaminados a evitar una explosión de violencia y promover una salida negociada a los conflictos en Georgia. Aquí cabe destacar las propuestas del entonces presidente de Rusia y actual primer ministro ruso Vladimir Putin que aconsejó a las entidades y empresas rusas potenciar las relaciones humanitarias, sociales, económicas y comerciales con Osetia del Sur y Abjasia, el envío de más tropas rusas a la zona de interposición, la dislocación de tropas ferroviarias en Abjasia que no están previstas en los acuerdos de 1994. Por primera vez el Ministerio ruso de Exteriores reconoció que aviones de la Fuerza Aérea rusa volaron sobre el territorio de Osetia del Sur a comienzos de mes y en varias ocasiones denunció planes de Georgia para invadir Abjasia y atacar Osetia del Sur. Según expertos, Rusia optó por reconsiderar su postura ante Abjasia y Osetia del Sur en detrimento de sus relaciones con Georgia, que cada vez son más complicadas. Esa tensión favorece a Georgia que cuenta con el apoyo de EEUU, UE y en calidad de solución lo califican "injerencia de Rusia en los conflictos", proponen el retiro de las tropas rusas de interposición que vigilan las denominadas "líneas de conflicto" entre Georgia y los territorios controlados por las dos regiones rebeldes. Entre tanto, el retiro de las tropas rusas de Osetia del Sur y de Abjasia no ayudará a la solución del problema de la integridad territorial de Georgia sino que por el contrario desatará una oleada de violencia en esa república caucásica. Teniendo en cuenta los sentimientos de solidaridad y simpatía hacia los abjasios y sudosetios por parte de otros pueblos que habitan la parte rusa del Cáucaso, el conflicto puede tener unas dimensiones subregionales impredecibles. En este sentido, el plan de regulación de tres etapas propuesto por Steinmeier tiene elementos de riesgo. A pesar de que el proyecto alemán resalta que las partes deben renunciar al empleo de la fuerza, el retorno masivo a Abjasia de los refugiados georgianos (segunda etapa del plan), puede desatar una oleada de violencia. Hay que tener en cuenta que muchos de esos refugiados participaron en los conflictos armados librados entre georgianos y abjasios entre 1992 y 1993 y no se pueden descartar conflictos por repartición de propiedades, ajustes de cuentas, o venganzas personales. Por lo visto, muchos en Europa han olvidado que precisamente las tropas de interposición rusas pusieron fin a la violencia. El reconocimiento de autodeterminación del territorio autónomo kosovar planteó ante la comunidad internacional asuntos muy serios que tienen relación entre otros, con la identificación nacional y lealtad ciudadana.
Si se parte de la tesis de la indivisibilidad del territorio y la población que lo habita, teóricamente existen dos formas de resolver situaciones como las que se dan en Abjasia y Osetia del Sur. O bien se opta por una depuración étnica, es decir se permite a los georgianos tomar la revancha ante los abjasios, o se emprende una larga y continuada solución política mediante las concesiones y compromisos entre las partes.
El problema principal de Osetia del Sur no es el formato de la Comisión Mixta de Control (militares que controlan el cese de hostilidades) sino la disposición de los osetios a ser parte de Georgia, creer que es precisamente Georgia representa su Estado y que el futuro de Georgia determinará su propio destino.
Para Abjasia, las fuerzas de paz así sean rusas o estonias, ucranianas o polacas) no es el principal problema. Incluso si se van los rusos y en su reemplazo las tres restantes ayudan a Tbilisi a desmantelar las estructuras del poder en Abjasia. En el caso de que esto ocurra esas tropas no podrán a pesar de sus esfuerzos convencer a los ciudadanos abjasios a jurar fidelidad a Georgia. En este sentido cabe recordar que durante la guerra de secesión que libraron contra el Ejército georgiano los abjasios perdieron de entre dos a tres mil de sus paisanos de una población total que ronda los 93.000 habitantes.
Al hablar sobre las vías para solucionar estos conflictos es necesario adoptar otras actitudes y formas que permitan encauzar un proceso comprometido únicamente con la paz.
Al respecto, llegó tiempo para revisar las recetas que ofreció Putin siendo presidente de Rusia. Primero que todo la renuncia absoluta al empleo de la fuerza y postergar la determinación del estatuto de las regiones separatistas hasta que se den las condiciones para una negociación franca sobre la integridad territorial de Georgia o la separación de las regiones separatistas. La integridad territorial de Georgia no debe lograrse a costa de civiles muertos y nuevos refugiados. Las autoproclamadas repúblicas deben ser asistidas con programas de reconstrucción económica y social, planes de rehabilitación humanitaria hasta alcanzar una situación de estabilidad que permita hablar sobre su estatuto jurídico definitivo. Para lograrlo, debe haber la voluntad política para negociar con autoridades así no sean reconocidas, por que sin esas autoridades esos territorios, que actualmente son Estados de hecho, pueden convertirse en territorios de caos y sin ningún control. La implantación de una concepción estructurada para la regulación de los conflictos de Osetia del Sur y Abjasia mediante el desarrollo y el restablecimiento continuada de la paz, hasta momentos favorables para determinar los asuntos de soberanía o integridad territorial, debe ser la base de una nueva política para solucionar los conflictos en el Cáucaso y en todo el espacio postsoviético. LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI
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