
Jerónimo Delgådo Caicedo
Profesor - Investigador. Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales. Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia. jeronimo.delgado@uexternado.edu.co
Andrés Sáenz
Asistente de InvestigaciónFacultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales. Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia. andres.saenz@est.uexternado.edu.co
Con la caída de la Unión Soviética se definió tácitamente la conformación de un nuevo orden mundial en el cual la democracia sería el único sistema político aceptable en el sistema internacional. De esta forma, la superpotencia soviética colapsó en 15 repúblicas estructuralmente débiles que comenzaron un proceso de transición político, social y económico. En principio, los cambios fundamentales encontraron su fuente primaria en el proceso global de democratización; el paradigma de Francis Fukuyama del "fin de la historia" parecía una opción lógica frente al fracaso del marxismo-leninismo como alternativa real a las dinámicas capitalistas de occidente. Al parecer un fantasma recorría Europa, pero era otro: el de la democracia liberal. O, ¿quizá no?
Frente a la certeza, la duda. Si bien resulta claro que el sistema político democrático es el único aceptable para el esquema de pensamiento occidental, la democracia puede ser analizada desde una perspectiva divergente donde los elementos de estructura, de cultura política y de construcción institucional son muy débiles o inexistentes [1]. De la misma forma, una comprensión holística de los procesos democratizadores necesita del análisis geoestratégico de los Estados, principalmente de las potencias de su órbita para explicar los fenómenos de impulso a la democracia, o de freno a la misma.
Ésta es la situación que se plantea para examinar los casos de dos Estados divergentes pero conexos dentro del espacio post-soviético: Belarús y Turkmenistán. Ambos con regímenes fuertemente autoritarios, economías estatalizadas y con una dependencia económica -principalmente energética- de su hegemón regional: "la madre Rusia" [2]. Este último elemento es de fundamental importancia: la reemergencia del Estado ruso bajo los preceptos del "Gosudarstvennost" -Estado fuerte- y del patriotismo [3] ha canalizado la ambición imperial como eje central de la política exterior rusa. Como lo menciona Sánchez Ortega, "los rusos [han] convertido la necesidad en virtud, articulando sobre su capacidad energética una nueva acción exterior que persigue los objetivos clásicos de la política exterior rusa: el aumento de influencia en los territorios que la circundan" [4].
En ese sentido, la explicación del estancamiento en el proceso de cambio de régimen de Belarús y Turkmenistán no puede considerar únicamente los factores internos. Se ha asumido que las dinámicas domésticas son de importancia primaria en la determinación del curso del cambio político en los regímenes autoritarios [5]; en otras palabras, "la democracia necesita demócratas" [6]. Si bien resulta claro que las estrategias internas, desde el mismo régimen (top-down) o desde la sociedad y las masas (bottom-up), pueden determinar la configuración misma del sistema político, es importante preguntarse ¿qué factores se pueden identificar como estrategias de cambio de régimen a nivel internacional?
Existen tres factores principales que utilizan los Estados para impedir una transición democrática en su zona de influencia. En primer lugar, el regionalismo. Éste hace referencia a la relación entre el proceso de la política interna de un Estado y los valores y normas que dominan su región geográfica [7]. Un ejemplo claro de esto es el proceso de formación de una identidad europeísta alrededor de los valores occidentales, como son: el legado clásico, el catolicismo y el protestantismo, la separación de la autoridad espiritual y temporal, el imperio de la ley, el individualismo, entre otros [8].
En segundo lugar, la condicionalidad. Una política activa que influencia los análisis de costo-beneficio de los regímenes autoritarios, con el propósito de promover o impedir el proceso democrático [9]. A la mejor manera de una respuesta condicionada pavloviana, los regímenes autoritarios responden a incentivos de carácter internacional. La premiación o el castigo por adoptar determinada política es muestra clara de esto. Sin embargo, la condicionalidad no es suficiente para lograr un cambio de régimen. El ejemplo más pertinente para este caso es el "eterno" embargo que han mantenido las diferentes administraciones estadounidenses sobre el gobierno de La Habana con pobres resultados.
El factor final es la integración, que hace referencia a los procesos de inclusión y exclusión del Estado en las instituciones y organismos internacionales [10]. En este punto entran a jugar los beneficios que una membresía a la organización le podrían otorgar al régimen: el principal, la legitimidad del mismo y con ésta, su perpetuación.
Estos tres factores se conjugan con las estrategias que proyectan los Estados débiles frente a un hegemón regional que podría constituirse como una amenaza o como un "asociado". La literatura de las Relaciones Internacionales establece dos sistemas de acción opuestos entre ellos: los Estados podrían adoptar una estrategia de "balancing" conducidos por el interés de preservar su propia seguridad, procurando contrarrestar la amenaza a través de alianzas externas o de aumento en el aparato militar[11]. De la misma manera, los Estados podrían adoptar una actitud oportunista y sumisa frente al hegemón si ven que su poder puede ser una fuente de fuerza que puede ser usada para promover sus propios intereses [12]. La última se conoce como la escuela del "bandwagoning".
Sin embargo, a pesar de que ésta es una visión radical de la realidad internacional, han surgido teorías intermedias para determinar las estrategias de estos Estados. Una de éstas es el "hedging" que muestra como, en ausencia de una amenaza inmediata, el Estado puede minimizar los riesgos buscando múltiples opciones de política para lograr una legitimación del régimen a nivel internacional e interno [13]. Con esto, se acepta que la preocupación estatal no tiene relación con el crecimiento del poder relativo del hegemón naciente, o para el caso de este trabajo, renaciente.
Ahora bien, ¿de qué manera se han visto afectados los regímenes autoritarios en Turkmenistán y en Belarús por estas estrategias? ¿Han podido determinar la configuración de su régimen político? O, acaso, ¿han sido estas ex repúblicas soviéticas las forjadoras de su propio destino?
El caso de Turkmenistán es paradigmático para el análisis de la consolidación de los sistemas políticos autoritarios. Quizá, algo de su historia reciente pueda ser ilustrativo sobre este punto. Con la caída de la Unión Soviética, el pueblo turcomano encontró en Saparmyrat Ataýewiç Nyýazow un carismático líder nacional, el eje central de su construcción de identidad nacional -perdida durante el período soviético-, hasta el punto en que el líder absoluto se configuró como la personificación misma del Estado. Nyýazow, logró generar unidad a través del propio culto a la personalidad, a niveles surrealistas, que escandalizarían a George Orwell y su Ministerio de la Verdad.
El "Türkmenbaşy" -o padre de todos los turcomanos- sumió a su país en el más absoluto aislacionismo y gobernó a través de una mezcla entre el miedo y la recompensa, usando las rentas del gas natural para sostener redes clientelistas y un aparato coercitivo centrado en los servicios de seguridad [14]. Nyýazow, además impuso una doctrina autóctona de pensamiento por medio de su texto sagrado, el "Ruhnama" - Libro del alma -, que se convertiría en el punto de referencia ideológico del país, a tal punto que ha sustituido otras asignaturas como la historia o los deportes en las escuelas turcomanas y se ha llegado, incluso, a exigir que las personas conozcan párrafos enteros de memoria como requisito para la obtención de la licencia de conducción [15].
En diciembre de 2006 Nyýazow falleció por un paro cardíaco. Entró a remplazarlo Gurbanguly Berdymukhamedov, un títere de la élite del país que ha llevado a cabo modestas reformas económicas y ha disminuido los excesos al culto a la personalidad. Sin embargo, el régimen se ha mantenido incólume y no hay visos de un proceso democratizador en el horizonte. ¿Es acaso Turkmenistán un Estado excepcional? O, ¿existen intereses internacionales que han impedido un cambio de régimen?
A nivel interno, la naturaleza de la relación entre el gobierno y el pueblo no ha cambiado mucho desde la desintegración de la Unión Soviética. El sistema político ha logrado copar todas las instancias de la vida privada de los habitantes pasando a veces del autoritarismo al totalitarismo. En la actualidad, la mayor preocupación de los ciudadanos emana de la inconformidad frente a su bienestar económico [16]. Pero los turcomanos no tienen por qué preocuparse, el Ruhnama como guía espiritual canaliza las convicciones y comportamientos individuales y sociales a través del prisma de la ética del Türkmenbaşy:
"One of my main goals is to prepare the Turkmen nation for the acquisition of wealth. I am making my nation adapt itself to wealth slowly. Your lives are improving day by day, year by year. Maybe you don't notice this. But this does not escape my eye even for a single moment.
Adopt it as your desire to acquire proper wealth. My main goal is to realize this desire of yours. When we join hands, we will definitely reach our targets" [17].
El sistema de valores creado alrededor de la figura del gran líder garantiza la cohesión necesaria para la construcción social, lo que Jon Elster denominaba "el cemento de la sociedad". El problema del caso turcomano radica en que ha sido posible consolidar el sentimiento nacional con posterioridad a la existencia misma del Estado, pero no ha sido posible generar en la población dinámicas de conciencia y confianza institucional. Para algunos autores, estos factores hacen de Turkmenistán una muy lenta bomba de tiempo para una futura "revolución de colores" [18].
Así, desde la independencia, el potencial para la democratización y el deseo de cambio entre la población turcomana se han ido acumulando y esperan la oportunidad precisa para manifestarse [19]. El indicador más claro de esto es el incremento en los niveles de deseo de la población para abogar por la participación en la toma de decisiones política y, por supuesto, la espera de que el conjunto institucional del Estado funcione, así sea necesario hacerlo funcionar [20].
Por supuesto, esta visión reivindicadora del pueblo turcomano no es -ni pretende ser- absoluta. Existen otros elementos que conllevarían a pensar en la imposibilidad de generar cambios en el régimen político a nivel top-down, e incluso menos a través de un despertar de las masas, con una estrategia bottom-up. No se debe olvidar que Turkmenistán tiene, en gran medida, una sociedad apolítica. El número de puntos de presión que podrían generar conflictos en el país es reducido y la distribución y diseminación de la población en el territorio asegura que haya escasos, casi inexistentes, conflictos por tenencia de la tierra, agua, religión o etnicidad [21]. En ese sentido, el descontento y la sensación ciudadana de esperanza y cambio no puede reflejarse directamente en la capacidad de acción y decisión de la población para aprehender el destino político del Estado.
¿Qué se puede decir sobre este punto desde la esfera internacional? Para explicarlo, es necesario entender la estrategia rusa en Asia Central que está ligada estrechamente a la necesidad de "ejercer cierto poder sobre las demás repúblicas... para mantener su preponderancia como suministrador de recursos energéticos a Europa, de donde obtiene gran parte de su ingreso" [22]. Esta situación resulta imperativa al generarse dinámicas de roce entre el Kremlin y Ashgabat por la política de brazos abiertos a las alianzas externas que ha implementado Berdymukhamedov, incluyendo ciertos proyectos de cooperación económica con China e Irán para disminuir la vulnerabilidad energética en la que se encuentra actualmente Turkmenistán.
Sin embargo, la relación entre ambos Estados se encuentra dentro de la lógica de la cordialidad y de la mutua dependencia, con la balanza, obviamente, inclinada hacia Moscú. Por lo cual, es necesario sostener el régimen autoritario para mantener el status-quo regional y no desembocar en un nuevo "Gran Juego" que pueda afectar el interés nacional ruso. ¿De que manera ha logrado el Kremlin estos objetivos? No sólo han sido loas y zalamería diplomática. Al contrario, es el uso estricto de las herramientas estratégicas para impedir el cambio de régimen en su órbita de influencia.
Si bien desde el espectro regional la presión para el cambio de régimen es mínima -quizá el único brote democratizador de la región lo constituye Kirguistán-, desde la perspectiva de la condicionalidad la situación es diferente. Rusia ha logrado mantener su hegemonía energética como principal consumidor de gas turcomano a través de tarifas preferenciales. Así, GAZPROM ha decidido aumentar el precio de compra por cada mil metros cúbicos de $140 dólares estadounidenses a un máximo de $295 dólares, ingresando de esa forma al gobierno de Berdymukhamedov de $9,4 billones a $12,4 billones de dólares [23]. Con ello, el Kremlin no sólo ha logrado aumentar su influencia en la región, también ha impedido que Estados Unidos o la Unión Europea ingresen al terreno demarcado como "extranjero cercano" por parte del Estado ruso.
Ahora bien, ¿qué ha hecho Occidente por revertir esa tendencia y acercar a Turkmenistán a su órbita de influencia? Al parecer, las acciones se han dirigido al nivel energético, tentando al gobierno turcomano con proyectos como el gasoducto transcaspiano. Sin embargo, el acercamiento de Occidente se ha centrado en el tema de los derechos humanos y de los procesos de democratización, con lo cual, ha engendrado sospechas y ha prevenido al régimen en la consolidación de las relaciones bilaterales [24]. Esta intromisión en los asuntos internos del Estado ha hecho que Ashgabat prefiera apoyarse en sus socios estratégicos de respaldo: Rusia y China, los cuales se rehúsan a realizar comentarios sobre el régimen autoritario y al contrario le brindan altos niveles de legitimidad [25].
Desde la perspectiva de la integración, el panorama es difuso. Durante la era Nyýazow, Turkmenistán declaró en la Asamblea General de la ONU su neutralidad permanente en el sistema internacional [26]. Esta neutralidad, con visos de aislacionismo ha sido afirmada con la negativa de Turkmenistán para entrar a la Organización de Cooperación de Shanghai y a la Comunidad Económica Euroasiática, al limitar a un mínimo posible su contacto con el Banco Mundial, con el Fondo Monetario Internacional e incluso con el programa de Asociación para la Paz de la OTAN [27]. A pesar de que el gobierno de Berdymukhamedov ha acentuado un poco esta situación, los temores por la pérdida de autonomía en el sistema internacional o por la desaparición misma del régimen siguen presentes.
En definitiva, Turkmenistán se constituye como un nudo gordiano para el estudio de los sistemas políticos y de los procesos de cambio de régimen. La naturaleza misma de la construcción de la identidad nacional alrededor de la figura de un líder y su condición de peón en el juego geoestratégico de las potencias regionales hacen de su examen un ejercicio complejo, pero asombroso.
Sin embargo, existe otro Estado en el espacio postsoviético que comparte, en diferente medida, estas características y a su vez se constituye en un paradigma aparte para el estudio de los sistemas autoritarios en el mundo. A Belarús se le ha llamado la "última dictadura de Europa". Quizá ese acercamiento sea algo ingenuo, pero las características del régimen confirmarían este argumento. Algunas teorías han centrado la explicación del autoritarismo como consecuencia de la falta de fuerzas democráticas. Así, por ejemplo, se menciona que cuando comenzó a resurgir el nacionalismo en la mayoría de las repúblicas soviéticas, como paso previo a la desintegración de la Unión Soviética, Belarús se encontraba en un ocaso de la actividad y de la movilización política [28].
En 1994, concluyeron las mínimas y limitadas reformas que había implementado el primer gobierno democrático tras la independencia. Una constituyente llamaría ese año a elecciones presidenciales y saldría electo Aleksandr Lukashenko, proveniente del Partido Comunista. Desde entonces se ha implementado toda una serie de medidas autoritarias, de fácil ejecución a través de una manipulación absoluta del Parlamento.
Sumado a esto debe tenerse en cuenta que Belarús es un Estado con escasa identidad nacional, principalmente por la eliminación de la élite cultural durante el periodo de Stalin, su rápida urbanización y por los efectos que dejó la ideología comunista en los ciudadanos [29]. Por estas razones, la identidad de los bielorrusos es altamente soviética y pro-rusa. Por supuesto, el régimen ha utilizado a su favor esta situación de desconcierto; Lukashenko ha llegado a mencionar que la base de la ideología del Estado debe ser el Cristianismo Ortodoxo, que ha suplantado al comunismo en el país durante la última década [30].
Resulta intrigante observar como Lukashenko ha adoptado actitudes y acciones parecidas a las de Nyýazow en Turkmenistán. Entre éstas, los libros de texto comenzaron a ser retirados de los estantes en las librerías para ser remplazados por libros de historia redactados por el régimen. Todo esto para regresar a las tradiciones de la época soviética. Incluso se ha implementado un curso obligatorio titulado "Fundamentos de la Ideología de la República de Belarús, donde se insta a los estudiantes a elevar sus niveles de patriotismo y lealtad al gobierno [31].
Vasily Strazhev, rector de la Universidad del Estado de Belarús, la más prestigiosa del país menciona:
"In Belarus nothing is happening that isn't happening anywhere else, America included. I can tell you that, in America, there's also an ideology. In America there's even a very powerful ideology -- they just don't call it that."
"I can even envy the success of the American system of bringing up citizens and patriots, how Americans instill a love of the country and of its symbols. But would you call that totalitarianism? [32]".
En realidad, el punto de Strazhev es válido. La diferencia radica simplemente en el contenido de acción de los valores de la sociedad y en la intensidad de los mismos. Conceptos como "madre tierra", "nación", "religión" han sido utilizados por diferentes gobiernos a lo largo de la historia para llevar a cabo su agenda política y para lograr la construcción del Estado a través de la autorreflexión social. Contestar preguntas como ¿quién soy?, ¿qué tengo?, ¿qué me hace falta? y ¿cómo lo consigo? son la base de cualquier análisis geopolítico estatal. Estados Unidos, no es la excepción, Belarús tampoco.
Ahora bien, el conflicto de la identidad nacional en la construcción del Estado ha hecho que la mano dura sea un mecanismo fácil para calmar al "rebaño desconcertado" a través de la coerción [33]. Lukashenko incluso fue acusado de ordenar a escuadrones de la muerte la eliminación de miembros de la oposición y de periodistas hostiles al régimen [34]. Esta aplicación inmediata de la fuerza ha hecho que el disenso no se haya podido articular de manera adecuada en la población, imposibilitando una dinámica bottom-up. Como lo menciona Daniel Silander, si la sociedad civil es débil y poco desarrollada, o simplemente carece de orientación democrática, la democratización claramente no ocurrirá [35]. Tal es el caso de Belarús.
A nivel externo, el sostenimiento del régimen se ve apoyado en el manto de la omnipresente solidaridad rusa. En su proceso de reemergencia como potencia regional, con aspiraciones a nueva potencia mundial, Rusia ha establecido la zona de Europa Oriental como prioritaria en su política exterior. Así, en este espacio "el interés de Rusia se encuentra ligado al control de las infraestructuras energéticas, especialmente los ductos por los que transcurren prácticamente la totalidad de los suministros a Europa" [36]. El tema de seguridad energética no sólo es fundamental para Rusia, también para la Unión Europea, principalmente en el tema del gas natural.
Sólo es necesario ver los conflictos desatados por la guerra energética entablada entre Rusia y Ucrania, primero en 2006 y luego en enero de 2009, cuando GAZPROM decidió paralizar el envío de gas a Ucrania alegando el pago de una deuda millonaria por parte de Kiev. Debe tenerse en cuenta que existen tres tipos de pagos de transporte por parte del productor al país transportador: el peaje, los precios subvencionados a los hidrocarburos y las "pérdidas" de parte de los hidrocarburos introducidos en las correspondientes tuberías [37]. El conflicto mencionado hace referencia al segundo punto. El Kremlin buscaba que Ucrania pague 250 dólares por cada 1000 metros cúbicos de gas, precio que se considera en Kiev excesivo [38].
Este tira y afloje hace parte del componente de la vulnerabilidad del tránsito, que se puede presentar en dos niveles. Por un lado, "la del consumidor, que puede dejar de verse abastecido, pero, en segundo lugar, existe también la del productor, que puede perder o ver impedida la venta de su producto" [39]. Es claro que en este caso se presentan las dos vulnerabilidades. Los efectos de la parálisis en 2006 fueron graves para países como Hungría e Italia que pasaron uno de sus más terribles inviernos [40]. No obstante, del lado ruso se reclama por la aparente cooptación de los recursos destinados a la Unión Europea por parte de Ucrania, los cuales dicho país desmiente categóricamente. Esta breve explicación del problema energético ruso frente a la Unión Europea tiene un solo objetivo, mirar en qué espacio de este tablero de ajedrez se encuentra Belarús.
Para el Kremlin, Belarús se constituye a nivel de seguridad energética como fundamental para aminorar los efectos nocivos que ha traído a la Revolución Naranja a las relaciones entre Moscú y Kiev. Sin embargo, han surgido fricciones entre Rusia y Belarús en el ámbito del gas natural, porque "se debían congeniar los intereses de la política exterior rusa, es decir, la subvención de los precios a los países amigos, con los económicos de la propia compañía (GAZPROM)" [41]. Se han presentado recientemente roces en las negociaciones de gas, lo cual ha conllevado a pensar al Kremlin que quizás Belarús podría quedarse con parte del gas ruso en detrimento de los destinatarios finales en la Unión Europea. En ese sentido, mantener el régimen de Lukashenko en el poder, para al menos garantizar el acercamiento político, es un imperativo de política exterior para Rusia. Pero, ¿cómo lo ha conseguido?
Desde el espectro regionalista, Rusia ha aprovechado la baja identificación del pueblo bielorruso para complementar la política de identificación euroasiática que ha llevado a cabo Lukashenko. En 1995 se estableció como política de Estado la unión con Rusia en los niveles político, económico y militar. La iniciativa en el discurso fue vitoreada por Lukashenko como el regreso a la madre patria. Sin embargo, el progreso fue lento y los tratados que regularían la materia nunca se implementaron. Sobre este punto, lo significativo para resaltar es que Rusia le ha ofrecido a Belarús una identificación divergente al proceso regional europeísta que se acrecienta con la caída de la Unión Soviética [42]. De esta forma, se garantiza una herramienta poderosa de discurso para el régimen y de legitimidad de éste al interior del Estado.
A nivel de condicionalidad, la situación energética vuelve a ser prioritaria. El análisis costo-beneficio del régimen de Lukashenko debe sopesar el hecho de que su Estado sólo dispone de reservas de gas para una o dos semanas como máximo, lo cual, le resta poder de negociación frente a Rusia [43] y frente a la posibilidad de recibir energía subvencionada a muy bajo precio por parte del Kremlin. A nivel político, las buenas relaciones entre ambos Estados le otorgan al régimen legitimidad internacional, al punto en que Putin es el primer Jefe de Estado en meter las manos al fuego para responder a las críticas occidentales con respecto a la falta de democracia en las elecciones [44], en donde Lukashenko ha sido elegido repetidamente desde la independencia.
Al contrario, el acercamiento occidental ha sido de claro rechazo al régimen a través de incentivos negativos como el aislamiento y los castigos económicos. En 2002, el congreso estadounidense sancionó el "Belarus Democracy Act" -que ha sido aumentado a través de sucesivas reautorizaciones- que prohíbe las exportaciones estratégicas y la asistencia financiera a Belarús, exceptuando préstamos y asistencia humanitaria [45]. Por otro lado, el trato de la Unión Europea con su vecino ha sido ligeramente hostil, principalmente con críticas fuertes durante el período electoral. No obstante, se ha buscado acercar a Belarús a ciertos compromisos políticos sin mayores resultados.
Esta situación termina reflejándose en el querer ciudadano frente al espectro de la integración. Al parecer, esta herramienta ha sido aceptada ampliamente en todo el grueso de la población. La encuesta "Gallup" realizada en 2007 confirma que para los ciudadanos bielorrusos es mucho más importante tener relaciones cercanas con Rusia que tener relaciones cercanas con Estados Unidos o la Unión Europea [46]. Más adelante se menciona que el 51% de los ciudadanos aprueba el liderazgo ruso, mientras que sólo el 6% piensa lo mismo con respecto al liderazgo estadounidense [47]. Esto hace más sencilla la injerencia del Kremlin en los asuntos del Estado, apoyando y brindando legitimidad al autoritarismo para garantizar los intereses nacionales.
A manera de conclusión, se debe generar una reflexión alrededor del tema de la democracia como el sistema político definitivo de la evolución humana. Si bien el "fantasma" de la democracia liberal recorre hoy el mundo, el resurgimiento de nacionalismos y de movimientos islamistas radicales propone a la comunidad internacional una serie de retos para garantizar la seguridad y la paz en el mundo. En esta dinámica se enmarca el camino futuro de Turkmenistán y Belarús, como ejecutores de su propio destino y como simples fichas de un juego muy superior a su naturaleza. Quizá, ese destino determine el rechazo a la visión del pensée unique y se afirmará que la democracia es un camino, pero claramente no el único.
Referencias
[1] Silander, Daniel. "Regime change and regime fractions in post-communist Belarus." En: Journal of Human Security. Vol 3, no. 1. 2007, p. 18.
[2] Así se refiere el Jefe de Estado de Belarús, Alexander Lukashenka al Estado ruso. Véase: Shushkevich, Stanislau. "Belarus: to democracy through neo-communism." En: Demokratizatsiya. No. 11. 2003.
[3] Gorbaneff, Yuri. "Fuentes institucionales de la diplomacia rusa." En: Revista OASIS 2002. Bogotá. 2002, p. 165.
[4] Sánchez Ortega, Antonio J. "La reemergencia de Rusia en el espacio post-soviético. La energía como medio." En: Revista Electrónica de Estudios Internacionales. No. 17. 2009, p. 1.
[5] Ambrosio, Thomas. "The political success of Rusia-Belarus relations: insulating Minsk from a color revolution." En: Demokratizatsiya. 2006 verano. Academic One File. Gale. Universidad Externado de Colombia, p. 3.
[6] Silander, Daniel., op.cit, p. 17.
[7] Ambrosio, Thomas., op.cit, p. 3.
[8] Huntington, Samuel.P. "El choque de la civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial." Barcelona. Paidós Surcos I, pp. 88-90.
[9] Ambrosio, Thomas., op. cit, p. 5.
[10] Ibíd., p. 6.
[11] Cheng-Chwee, Kuik. "The Essence of Hedging: Malaysia and Singapore´s Response to a Rising China." En: Contemporary Southeast Asia. Vol. 30. No. 2. 2008, p. 260. Para consultar información teórica sobre el debate entre las escuelas del "balancing" y del "bandwagoning", véase: Gónzalez, Ariel. S. "Bandwagoning versus Balancing en la teoría social del realismo." En: Programa de Estudios: Teoría de las RR.II. Paper No. 4. Centro de Estudios Argentinos Internacionales. Disponible en: http://www.caei.com.ar/es/programas/teoria/04t.pdf
[12] Ibíd.
[13] Ibíd., p. 163.
[14] Deninson, Michael. "Turkmenistan in transition: A window for EU engagement?" En: CEPS Policy Briefs No. 129. 2007, p. 2.
[15] Bonet, Pilar. "Cuando el presidente es Dios." En: ELPAIS.com. 23 de Octubre de 2005. Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/reportajes/presidente/Dios/elpepusocdmg/20051023elpdmgrep_5/Tes
[16] Dadaev, Timur. "Trajectories of political development and public choise." En: Asian Affairs: An American Review. No. 34. Otoño 2007. Academic One File. Gale. Universidad Externado de Colombia.
[17] Niyazov, Saparmurat. "Ruhnama: The book of the soul." Disponible en: http://www.turkmenistan.gov.tm/ruhnama/ruhnama-eng.html
[18] Es un término colectivo que ha recibido una serie de movilizaciones políticas en el espacio ex-soviético llevadas a cabo contra líderes autoritarios acusados de prácticas dictatoriales, amañar las elecciones o de otras formas de corrupción. Con el término "revoluciones de colores" se hace referencia a los hechos ocurridos en Georgia en 2003 (Revolución de las Rosas), Ucrania en 2004 (Revolución Naranja) y Kirguistán en 2005 (Revolución de los Tulipanes).
[19] Dadaev, Timur., op.cit. Traducción libre del autor.
[20] Ibíd.
[21] Deninson, Michael., op. cit, p. 5. Traducción libre del autor.
[22] Sánchez Ortega, Antonio J., op. cit, p. 7.
[23] Bhadrakumar. M.K. "Russia takes control of Turkmen (word) gas?" En: Asian Times. Global Research. 2008. Disponible en: http://www.atimes.com/atimes/Central_Asia/JG30Ag01.html
[24] Deninson, Michael., op.cit, pp. 17-18.
[25] Ibíd., p. 6.
[26] Se le confirió a Turkmenistán mediante una resolución especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 12 de diciembre de 1995.
[27] Deninson, Michael., op. cit, p. 7.
[28] Silander, Daniel., op.cit, p. 22.
[29] Ambrosio, Thomas., op.cit.
[30] Mc. William, Bryon. "Imposing and Ideology in Belarus." En: The Chronique of Higher Education." No. 55. 2005. Traducción libre del autor.
[31] Ibíd.
[32] Ibíd.
[33] Como lo menciona Noam Chomsky: "la propaganda es a la democracia lo que la cachiporra es al autoritarismo." Para una explicación profunda del rebaño desconcertado véase: Chomsky, Noam. "El control de los medios de comunicación." En Cómo nos venden la moto. Editorial FICA, Colombia, 2007.
[34] Shushkevich, Stanislau., op. cit.
[35] Silander, Daniel., op. cit, p. 19.
[36] Sánchez Ortega, Antonio J., op. cit, p. 7.
[37] Ibíd., p.7.
[38] Los argumentos rusos sobre este punto, en realidad, tienen mucho sentido. El Kremlin menciona que el gas centroasiático (que es el que compra Ucrania) le está constando a Gazprom 300 dólares en promedio, y que con costos de transporte el precio real asciende a 416 dólares. El precio que pide el Kremlin es de 250 dólares (Ucrania venía de pagar menos de 200 dólares), lo cual, continúa siendo un precio lógico y subvencionado. Fuente: BBC Mundo, disponible en: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_7807000/7807000.stm
[39] Sánchez, Andrés. A. "La interdependencia energética ruso-europea." En: Documento de Trabajo 08/06/2007. Real Instituto Elcano. 2007. p. 6.
[40] Página Oficial del diario El País, disponible en: http://www.elpais.com/articulo/internacional/crisis/gas/Rusia/Ucrania/pone/peligro/suministro/UE/elpepiint/20090102elpepiint_2/Tes
[41] Sánchez, Andrés. A., op.cit, p.9.
[42] Ambrosio, Thomas, op.cit., p. 11.
[43] Sánchez, Andrés. A., op.cit, p.9.
[44] Ambrosio, Thomas, op.cit., p. 20.
[45] Véase el Belarús Democracy Act completo en: http://charter97.org/eng/news/2004/10/27/act
[46] Dadaev, Timur, op.cit.
[47] Ibíd.