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¿Conseguirá Barack Obama que el Senado ratifique el START-3?
Tema de actualidad: El nuevo Tratado START entre EEUU y Rusia
Andrei Fediashin, RIA Novosti
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El Congreso de EEUU comenzó el 15 de noviembre pasado su sesión del “Pato Cojo”.
Esta sesión en gran medida determinará la suerte del Tratado START-3 y, en concreto y lo que es más importante, el destino del reinicio de las relaciones entre Rusia y los Estados Unidos.
La sesión “Lame Duck”, según terminología estadounidense, generalmente tiene lugar en esa época interregno, después de las elecciones intermedias, cuando se reelige toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Tras las elecciones del 2 de noviembre, los demócratas se quedaron en minoría en la cámara baja. En el Senado han conservado el control de la situación, pero han cedido a los republicanos seis mandatos. En estos momentos, la anterior correlación de mandatos de 59 por 41 de mayoría demócrata ha disminuido a 53 por 47.
Sin embargo, para Rusia y para el resto del mundo es más importante el Senado, ya que allí se discuten y aprueban todos los tratados internacionales de los Estados Unidos. En este punto hay que recordar que para ratificar cualquier acuerdo es necesario el apoyo de dos tercios de los senadores. Si esta cámara no resuelve antes de mediados del mes que viene todos los detalles relativos al nuevo Tratado START, firmado por los presidentes Obama y Medvédev en Praga en abril del este año, el asunto se trasladará a la nueva composición del Senado, que se reunirá por primera vez el 3 de enero del año entrante. El problema es que los senadores casi no tienen tiempo para ocuparse del START: el 24 de noviembre próximo, los senadores se van de vacaciones con motivo del Día de Acción de Gracias y, posteriormente, el 23 de diciembre, el Senado cerrará sus puertas por Navidad. Después de esta pausa, los detalles del START-3 los analizarán otros senadores.
Problemas con la aritmética
Obama está obligado a convencer a 8 senadores republicanos para su causa antes de final de año, ya que, recordemos, el Senado de EEUU ratifica cualquier acuerdo con dos tercios de su composición. El año que viene, el inquilino de la Casa Blanca lo tendrá peor: serán 14 los senadores a convencer. En este brete, Obama ya ha puesto toda la carne en el asador, al darles a los republicanos unas completas garantías de que se afrontará la modernización del potencial nuclear de su país a cambio del apoyo en el START-3.
Teóricamente, a Obama no debería costarle gran trabajo venderle al Senado el acuerdo y conseguir que sea ratificado en el tiempo que le resta hasta enero. El comité encargado del tema en la Cámara Alta ya recomendó a los senadores aceptar este acuerdo que reduce la cantidad de vectores y de cabezas nucleares estratégicas de Rusia y EEUU.
El presidente estadounidense tiene un argumento de peso que siempre le ha funcionado con los republicanos muy bien: sin este acuerdo los inspectores de su país irán a ciegas, no podrán inspeccionar las bases nucleares rusas, sus cabezas nucleares, sus vectores, la infraestructura, etc. Lo cual es cierto, ya que el derecho a este tipo de inspecciones se terminó en diciembre del año pasado con el START-2. Estados Unidos, en cualquier caso, no tiene ninguna intención de dejar sin vigilancia al “oso” ruso; esto va en contra de sus intereses y su seguridad. En este caso, Obama juega con la ventaja de que muchos senadores “salientes” votan según sus convicciones personales y no por los dictámenes que les impone su cargo. Cuando les quedan varios días de mandato, ya no tienen nada que perder. Ahí puede el presidente imponer su poder de convicción.
En teoría hasta sería posible que el acuerdo con Rusia fuera aprobado antes del final de año. Las probabilidades de que esto sea así son del 50%. Como se ha dicho, Obama ya ha prometido añadir al presupuesto de modernización del arsenal nucleares (80.000 millones de dólares en 10 años) unos 4.000 millones más, en el caso de que se ratifique el tratado. Pero la teoría no deja de ser teoría, y lo que ocurre en la práctica se verá en el transcurso de los debates.
La relación entre el tema START y el reinicio de las relaciones Rusia y EEUU.
Es evidente que las negociaciones START son importantes. Posiblemente, es el símbolo más relevante de las posibilidades de reinicio de las relaciones entre ambos países. Pero su posición de privilegio se la da la tremenda carencia de iniciativas en las otras esferas de trabajo.
No se sabe por qué razón, tanto en Rusia como en Estados Unidos se ha establecido un fuerte vínculo entre estas negociaciones de desarme y las relaciones entre ambos países. Parece como si con la aprobación del START-3, todos los problemas entre ambos países fueran a desaparecer y todo fuera a ir sobre ruedas.
En realidad en este proceso de reinicio hay algo mucho más importante. Si queremos que esta etapa sea recordada como de normalización tras la época de Bush, habría que integrar en ella las intenciones de Obama de prolongar la vigencia del acuerdo de colaboración ruso-estadounidense en la esfera del átomo pacifico (firmado durante el mandato de Bush) y el ingreso de Rusia en la Organización Mundial de Comercio. Para lo último, el presidente estadounidense deberá pelear otra vez con los senadores republicanos para que revoquen la enmienda Jackson-Vanik de 1974, que creó fuertes restricciones al comercio bilateral, vinculándolo a los permisos para emigrar de la URSS.
Pero el START-3 es solamente una de las tres partes ya mencionadas de las que está compuesto el programa de reinicio. Y hacer que los republicanos acepten las dos que faltan será mucho más complicado que el que acepten el tratado de desarme. El problema es que sin las dos partes que restan el plan de reinicio estará incompleto.
Los consejeros de Obama ya temen que los senadores republicanos puedan establecer alguna relación entre la anulación de la enmienda Jackson-Vanik y la ratificación del START-3, por lo que podrían exigir cambios en el mismo. Esto significaría más negociaciones, más retraso, más tiempo que Obama no tiene.
El “amigo Barack” está presionando al Senado con todo lo que tiene. Sus principales argumentos son los siguientes: el fracaso del reinicio de las relaciones con Moscú redundará en dificultades en Afganistán al “estrecharse” el corredor de transito ruso. Rusia podría renunciar a apoyar las sanciones contra Irán; unas sanciones ruinosas para los rusos, que ya les han costado alrededor de 13 mil millones de dólares (debido a la anulación del contrato de venta de armamento a Irán). Pero el argumento de más peso es que la no ratificación del START-3 le restará al presidente ruso, Dmitri Medvédev, el “gran amigo de la democracia”, muchas posibilidades de ser reelegido en su cargo.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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